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VENTANA de los Bicentenarios

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El CEA presenta el libro ‘La Constitución de 1812. Clave del liberalismo en Andalucía’ en la UCA

29 de noviembre de 2012



La vicerrectora de Proyección Social, Cultural e Internacional de la Universidad de Cádiz, Marina Gutiérrez, el jefe del área de Investigación del Centro de Estudios Andaluces (CEA), Eduardo González de Molina, y el coordinador del libro y catedrático de Historia Contemporánea de la UCA, Alberto Ramos, han presentado esta mañanaLa Constitución de 1812. Clave del liberalismo en Andalucía en el edificio Constitución 1812.


Se trata del tercer volumen de la colección Cuadernos de Andalucía en la Historia Contemporánea del Seminario Permanente de Historia Contemporánea de Andalucía. El cuaderno reúne las contribuciones realizadas por diversos expertos en el marco de este encuentro científico homónimo, celebrado el pasado marzo en Cádiz, en el que se analizó la formación de la cultura política liberal y se identificaron los grupos e individuos que lideraron ese cambio político e ideológico en Andalucía. 


El catedrático Alberto Ramos ha señalado que "el gran valor que se reconoció en la Constitución de Cádiz, y por ello se convirtió en modelo, es la concepción de la propia Constitución como ley suprema producto de la soberanía popular y como norma superior que organiza el estado-nación, que limita el poder y contiene una declaración de los valores fundamentales, derechos y garantías de la sociedad y los ciudadanos". El libro arranca con las aportaciones del propio profesor de la UCA, quien en la introducción recorre la suerte que ha tenido la constitución en estos 200 años a través de las diversas, y a menudo fallidas, conmemoraciones celebradas.


Asimismo, Ramos en el primero de los artículos publicados en el volumen, se acerca a los primeros compases del liberalismo que, a su modo de ver, no se produjeron  con la convocatoria de Cortes en 1810 ni con la promulgación de la Constitución de 1812, sino en fechas anteriores: en 1808, con la reasunción de la soberanía popular que realizaron las diversas juntas ante el vacío de poder que produjo la marcha de Fernando VII a Bayona.


En segundo lugar, las catedráticas de Historia Contemporánea María Antonia Peña (Universidad de Huelva) y María Sierra (Universidad de Sevilla) inciden en los tres mecanismos de exclusión que se fueron gestando en el periodo isabelino con objeto de segregar a representantes y representados y depurar la lógica inclusión/exclusión gestada en el Cádiz de 1812. El primero fue la fijación de un criterio económico para designar tanto a los electores (había que ser propietario para poder ejercer el voto) como a los elegibles (no se paga por ser diputado, de manera que se excluyen como representantes a aquellos, no deseables, que no tenían rentas). El segundo, la decisión de eliminar del parlamento a los representantes de las provincias ultramarinas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico), convertidas oficialmente en colonias, terminando de facto con la "nación de los dos hemisferios" de La Pepa. Y, por último, la exclusión de las mujeres de toda participación política.


En tercer lugar, la profesora de Literatura la Universidad de Cádiz, Marieta Cantos, escribe sobre el papel jugado por las mujeres en el primer liberalismo en tres ámbitos: como heroínas de la patria, cuando la guerra hizo visible su participación en determinadas batallas o situaciones bélicas; como participantes en juntas de damas con funciones sociales y asistenciales, juntas que entraron en contacto con organizaciones similares americanas y de otros países europeos; y, finalmente, a título individual, como autoras de textos políticos y literarios en prensa y otros soportes. 


Por último, Diego Caro, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz, incide en las formas de hacer política en el primer liberalismo, señalando en este punto que las prácticas caciquiles tradicionalmente asociadas al periodo de la Restauración (política basada en el parentesco, la amistad y el patronazgo, y las prácticas electorales fraudulentas) fueron también comunes en la etapa previa: el reinado de Isabel II.


Junto a ello, Caro destaca la presencia en esta etapa de formas nuevas de sociabilidad política de cariz más democrático y popular, emergentes en la Andalucía de la primera mitad del siglo XIX, escasamente conocidas hoy, pero que constituyeron la base que explicará la adhesión popular y campesina a futuras propuestas políticas progresistas y democráticas.


Fuente: CEA


 

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