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VENTANA de los Bicentenarios

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Grande-Marlaska y Ridao destacan la actualidad del proceso constitucionalista de 1812

13 de enero de 2012


El magistrado Fernando Grande-Marlaska y el escritor y diplomático José María Ridao han destacado la actualidad del proceso constitucionalista que tuvo lugar en Cádiz en 1812 en la quinta cita del ciclo ‘Diálogos sobre la Libertad y el Constitucionalismo en España’, organizado por el Consorcio para la Conmemoración del II Centenario de la Constitución de 1812 y la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC).

Ridao incidió en su intervención en que se debe analizar la Constitución de 1812 desde la experiencia actual hacia el pasado porque el proceso que guió su aprobación reproduce los mismos problemas que se plantean en la actualidad los constituyentes de muchos países. Puso como ejemplo de esta aseveración a Irak, por el proceso de transición que ha vivido desde el régimen personalista de Saddam Husein hacia una República Parlamentaria Federal sustentada en un texto constitucional.

“Dos acontecimientos tan distanciados en el tiempo contemplan hechos similares ya que detrás de ambos se plantean conflictos de legitimidad; es decir, no se cuestiona quién ejercerá el poder sino cuáles son las bases desde las que se debe gobernar”, explicó el escritor y diplomático.

Ridao indicó que en el caso concreto de la España de principios del siglo XIX, el conflicto de legitimidad quedó planteado en 1808 cuando Napoleón, utilizando sus argucias, descabalgó del poder al Rey para fundar una nueva legitimidad en la persona de José I, apoyada en la Constitución de Bayona. Y como respuesta al conflicto se opusieron dos visiones de España: la tradición católica que defendía un poder político basado en la religión, y la liberal, que se desligaba de la religión para apostar por el funcionamiento institucional. 

“La Constitución de Cádiz logró aunar estas dos visiones, ponerlas de acuerdo, inaugurando el liberalismo en nuestro país. Por ello, la Carta Magna apunta avances muy importantes como la soberanía nacional o el reconocimiento de la condición de ciudadano, pero en cambio en su artículo 12 reconoce al Catolicismo como la única religión del Estado”, expresó.

Por ello, insistió en que es muy importante comprender la Constitución de 1812 no sólo en su contexto sino desde la experiencia contemporánea; y al contrario, comprender hechos actuales desde los acontecimientos lejanos.

Por otro lado, el escritor y diplomático apuntó la técnica legislativa utilizada en La Pepa como otro ejemplo de la similitud de la misma con otras normativas actuales. Expresó, que la Constitución de Cádiz regulaba desde la norma básica aspectos que no deberían legislarse desde la misma; por ejemplo todo el sistema electoral. Insistió, de hecho, en que esa fue una de sus debilidades porque creaba un marco jurídico completo en lugar de dejar determinados aspectos a desarrollar por leyes posteriores que, además, pudieran ser reformadas. Ridao afirmó que este mismo error lo han cometido hoy día algunos procesos de reforma de Estatutos de Autonomía o la Constitución Europea fracasada.


Cambios propiciados por la Constitución de 1812


Fernando Grande-Marlaska, por su parte, destacó  que la Constitución de 1812 supuso toda una revolución política que permitió a España dejar atrás el Antiguo Régimen y abrir un nuevo período democrático basado en los derechos y las libertades de los ciudadanos. Expuso que fue toda una inoculación ilustrada, un proceso de secularización, que ponía en su centro el antropocentrismo y la necesidad de un pacto social.

Para el magistrado, detrás del trabajo realizado por los diputados doceañistas hay un proceso racionalista en el que el hombre y sus derechos son previos; es decir, que los derechos y libertades son inherentes al hombre.

Para Grande-Marlaska, La Pepa instaura la soberanía nacional; establece quien ejerce el poder ejecutivo, el Rey, pero limita su acción legislando que sus actos debían ser refrendados por los denominados Secretarios de Despacho o por los Ministros; y deposita la justicia en manos de tribunales independientes tanto en materia civil como criminal, instaurando los juicios independientes y rápidos, el principio de igualdad ante los tribunales y la no utilización del tormento.

El magistrado afirmó igualmente que la Constitución de 1812 se fundamenta en la ética pública, es decir, en la racionalización del poder y el ejercicio efectivo de los derechos de las personas: la libertad, la igualdad y la seguridad; hoy día también la solidaridad, ya que es un principio que precede de la ideología socialista más que de la liberal.

Grande-Marlaska se lamentó de la escasa vigencia que tuvo esta Carta Magna. Indicó que la democracia actual no es perfecta y que quizás si la Constitución de Cádiz hubiera perdurado más tiempo se hubiera avanzado más.

 

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