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CRÓNICAS DE LOS BICENTENARIOS: Coloquio Internacional El Nacimiento de la Libertad de Imprenta

10/11/2010

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PRIMERA JORNADA

Coloquio Internacional El Nacimiento de la Libertad de Imprenta: Antecedentes, promulgación y consecuencias del Decreto de 1810.

 

Tal día como hoy hace ya 200 años, se promulgó el nacimiento de la Libertad de Imprenta, en el actual Real Teatro de las Cortes de San Fernando. Un texto estrechamente vinculado al principio de Soberanía Nacional y a las libertades de expresión y opinión.

 

Y para tal conmemoración la Universidad de Cádiz ha celebrado un Coloquio Internacional que cerrará sus ponencias el próximo viernes 12 de noviembre y por el que hasta el momento se han tratado temas como: Prensa, Libertad de Imprenta y Censura en el Siglo “Que llaman Ilustrado”, o La Revolución de España y sus Consecuencias.

 

Tras una presentación formal ante el público y los medios,  en la que han estado presentes los coordinadores del congreso, Fernando Durán de la UCA y Elisabel Larriba y Gerard Dufour de la Université de Provence, junto a la Vicerrectora de Extensión Universitaria, Marieta Cantos Casenave, se ha dado paso a la primera ponencia del día, que bajo el título de Las aspiraciones a la libertad de imprenta en la segunda mitad del S: XVIII y expuesta por la ya mencionada profesora Larriba, ha introducido el momento histórico anterior a la proclamación del Decreto IX. Y es que, mencionaba la ponente, que en aquellos escritos recogidos de tantos Ilustrados que apoyaban la libertad de imprenta, los autores no disimulaban su pena ante la lentitud de los sucesos para llegar a esa tan ansiada libertad, ya que según palabras textuales “la libertad sería el principal remedio contra los males de la nación y la censura se presentaba como la principal causa del analfabetismo en España”. Siendo la clave del problema el dotar de mayor libertad a la razón y la pluma.

Cavarrus, por contra publicaría opiniones un tanto opuestas a toda esta proclamación de libertades, expresando que en España la Ilustración era una farsa comparando a los españoles con un ganado servil que solo quería pan y toros.

Pero es que algo había de cierto, y es que “España era diferente”, el alcance a los libros no era tarea fácil al contrario que en países como Inglaterra o Francia.

 

Inmaculada Urzainqui, de la Universidad de Oviedo, sería la segunda protagonista del día, que en su ponencia Libertad de imprenta y prensa crítica a fines del siglo XVIII expondría un conglomerado de escritos y posturas de autores y censores de la época. Muchas eran las opiniones que se publicaban en la prensa miscelánea de aquellos días, y ello preocupaba a los propios autores que dejaban de publicar sus obras provocando un creciente atraso intelectual, la llamada censura intelectual.

Se hablaba en aquellos días de que a cualquiera se le permitía ser necio libremente y que no era la censura la culpable, sino la propia calidad del público, el cual estaba en posesión de la razón para elegir si un texto estaba o no preparado para ser publicado.

Hablaría también Urzainqui de obras como Conversaciones de Perico y Marica libro que alude a la libertad de imprenta, donde su interés ideológico es innegable, expresando la reivindicación de la libre expresión de las ideas para el crecimiento del conocimiento. Periódicos como El Argonauta Español de carácter cosmopolita que mostraba la nueva política constitucional y encaminado a prevenir a la ciudadanía de las ideas subversivas de la religión. 

Cerró su exposición Urzainqui exponiendo que “antes de 1808 existió la libertad de imprenta en España” y es que en la Gaceta de Madrid en 1806, se les dio por primera vez a los redactores la libertad de declarar y comentar sin censura alguna.

 

“La censura fue el malo de la película” diría el siguiente ponente Esteban Conde de la Universidad de Huelva, que en el desarrollo de su exposición Libertad de imprenta y censura de libros en la política del Consejo de Castilla, mostraría a los allí presentes una visión diferente de la historia y es que muchos de los que alegaban por la libertad de imprenta, luego censuraban porque creían que a través de la tutela de la censura se podía avanzar en el país.

Se reivindicaba entonces también la censura como la guía necesaria para que todo lo publicado tuviera cierta calidad. Aunque esta censura en España nunca llegaría a tener una base teórica, era imposible reducir a unas reglas básicas tal cantidad de opiniones, y es que no hay que olvidar que hasta los propios escritores eran censores.

 

La censura fue también el tema central elegido por la profesora Eva Velasco de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que introdujo la ponencia La Libertad de imprenta en la labor censoria de la Real Academia de la Historia, con la frase “vamos a hablar de censura en la conmemoración de la libertad de imprenta, ¿como encajar esto?”, siendo conceptos tan antitéticos en sus connotaciones semánticas, pero ¿de donde proviene esta visión tan negativa de la censura?, en todo esto basaría su ponencia Velasco.

Citó la conferenciante las teorías de Habermas, las cuales has dado pie a múltiples investigaciones sobre la censura, considerando este la censura inglesa como el caso modélico, ya en 1718 se impondría en este país un impuesto sobre el papel que disuadiría la escritura de un tipo de textos no bienvenidos.

Pasó a analizar Velasco la censura en cada materia concreta (medicina, derecho natural, filosofía, etc), destacando que en estas reflexiones la censura siempre tenía una finalidad concreta, garantizar la libertad de impresión a las obras que difundían la verdad sobre la nación, pero ¿cual era esta?.

 

Cerraría el turno de la mañana, Jean-Pierre Clément, de la Université Paris-Sorbonne (Paris IV) que analizó la situación de la prensa hispanoamericana en vísperas de la adopción del decreto sobre libertad de prensa por las Cortes de Cádiz.

Destacando la actitud contradictoria de los gobernantes españoles de finales del S. XVIII y comienzos del XIX, favorables a las Luces, pero desconfiados ante las ideas de los ilustrados extranjeros más excesivos (filósofos franceses, pensadores ingleses o revolucionarios norteamericanos).

Ello explicaba que en Hispanoamérica, se dieran múltiples trabas a la entrada de “ideas peligrosas”, a través del control por las autoridades políticas de lo impreso destinado a América o con América como tema y la censura inquisitorial. Añadiría Clément el papel negativo que cumplieron las condiciones materiales, observándose un número limitado de personas intelectual y financieramente capacitadas para leer los textos franceses, las obras de publicación tardía y con tiradas muy limitadas, versiones “revisadas asepticamente” para el público español, etc. Así antes de que empezara la Revolución Independentista, la propagación de las ideas más filosóficas no pudo realizarse ante las masas.

Y es que lo que más influiría sobre el pensamiento de las Independencias, sería lo que se dictaba y lo que se leía en aquellos años preindependientes en el Nuevo Mundo, el concepto español de la soberanía, recogido y enseñado por los jesuitas Juan de Mariana y Francisco Suárez en sus obras Derege et regis y De legibus respectivamente.

 

El turno de la tarde presentó un cambio inesperado en el programa comenzando su ponencia Ciudadanía católica, pensamiento absolutista y libertad de imprenta en las Cortes de Cádiz, Gregorio Alonso de University of Leeds, que arrancó exponiendo una frase del célebre filósofo Descartes “los malos libros provocan malas costumbres y las malas costumbres buenos libros”.

Su conferencia se basó en exponer las relaciones entre laicos y religiosos, en su mayoría de interés mutuo, ya que ambos consideraban las Cortes como plataforma de reivindicación de los valores del clero. 

Pero opiniones diversas existían en aquellos días, unos en contra de la filosofía y lo que según ellos impondría el “estado del bestialismo” y otros declarando la importancia de la libertad de imprenta, ya que era el comienzo para legislar con la voz del pueblo.

Aunque opuestos en opinión, el acuerdo entre religión y política no fue casual, los diputados jugaban con estrategias para que el clero quedara contento, y es que los liberales necesitaban a la iglesia, no solo por recursos, sino también por la influencia que ejercían sobre las conciencias del pueblo.

Concluyendo pues en que el anticlericalismo liberal de las Cortes de Cádiz fue bastante moderado, quedando las influencias inglesa y francesa fuera de juego al obtener escasos resultados, la iglesia no podía quedar fuera del debate político.

 

“La mayor ley de prensa es la que no existe”, así comenzaba su exposición Una libertad sin marco legal (1808-1809), María Cruz Seoane, que centró su ponencia en la recapitulación de los numerosos periódicos de naturaleza liberal que existieron entre los años 1808 y 1809 en España. En ellos se publicarían, según Seoane, las ideas con las que luego los diputados defenderían la libertad de imprenta.

El Duende que exponía que existiera un cuarto poder para que el pueblo se expresara. O autores como Flores de Sala que publicó un discurso que difundiría el derecho más precioso, la libre expresión del ser humano, o Isidoro de Aldilló, considerado como uno de los mejores oradores de aquellas Cortes, que sin poder defender la libertad de imprenta en las mismas, si lo haría en periódicos como La Aurora Patriótica Mallorquina de Palma.

Destacó también la ponente otros periódicos como; el Semanario Patriótico de la Nación Española, que reanudaría su publicación en la Sevilla de 1809 o El Espectador sevillano que sustituyó al anterior.

 

 

Como broche final a la sesión del día intervendría Gerard Dufour, de la Université de Provence con su conferencia Los afrancesados y la libertad de imprenta: teoría y práctica. Que discernió sobre el carácter de los afrancesados que proclamados partidarios de la libertad de imprenta posteriormente ejercerían de censores bien para el Consejo de Castilla, bien para la Inquisición. 

Destacando que nunca la censura en España fue tan abrumadora como durante el reinado de José I, ya que incluso con la abolición de la Inquisición, los afrancesados siguieron condenando la “abusiva libertad” que en Cádiz permitía la publicación de libros como El Robespierre. Pese a lo que declaraban, la libertad de imprenta siempre supuso para ellos la amenaza de que la anarquía más total reinara sobre la nación, y en el debate que opuso a liberales y serviles respecto a este tema, los afrancesados compartía la opinión de los serviles.

Comprobándose siempre durante el Trienio Liberal que estos reclamaban la libertad de imprenta para sus propios escritos, nunca para los de sus adversarios, aunque lograran, en parte, convencer de que Napoleón era partidario de ella.

 

 


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