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24/02/2010
Victoria Camps nació en Barcelona. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona. Profesora de Filosofía en la Universidad Autónoma de la ciudad condal, ha desarrollado su carrera académica en dicha universidad.
De 1991 a 1993, fue senadora independiente por el Partido Socialista. Y desde 2002 a 2006, fue consejera del Consejo Audiovisual de Cataluña.
Es presidenta de la Fundació Víctor Grifols i Lucas (una fundación dedicada a la Bioética) y del Comité de Bioética de España.
En la actualidad, también es una reputada conferenciante y ofrece ponencias en España y en el extranjero, especialmente en América Latina, sobre temas de filosofía en general, ética, pensamiento político, filosofía de la religión y cuestiones de género.
- Breves líneas sobre su experiencia como universitaria: lo mejor y peor que recuerda.
Lo peor que recuerdo es la falta de apertura de la mayoría de profesores que enseñaban una filosofía anclada en la Edad Media. Era una Universidad todavía bastante siniestra, aunque con algunos muy buenos profesores que estaban al día, pero no siempre podían expresarlo con claridad.
Nuestra formación fue, en este sentido, bastante deficiente. Estudiábamos a Marx clandestinamente porque no podía hablarse abiertamente de Marx ni del marxismo. Pero tampoco era fácil explicar el existencialismo, por ejemplo.
La mejor experiencia fue la vida universitaria en sí misma, que, en aquellos tiempos y a pesar de todas las censuras, ofrecía un contraste grande con los colegios generalmente de monjas y curas. En la Universidad me inicié en la resistencia al franquismo, que tuvo momentos importantes en los años 60. Recuerdo con especial cariño a profesores como Francesc Gomà, José Mª Valverde, Alfonso Álvarez Bolado y a Manuel Sacristán que, pese a no ser profesor mío, me dirigió la tesina de licenciatura.
- En su caso no ha estudiado en Cádiz, pero ¿qué destacaría de la UCA?
La conozco muy poco. Tengo un excelente amigo, Ramón Vargas Machuca, que ha formado un equipo que hace buenas cosas en filosofía moral y política. Siempre me ha parecido que es una Universidad con una buena proyección social.
- La libertad de pensar y la ética en democracia, dos conceptos que van de la mano, pero en nuestra sociedad actual la moral está en peligro vende más lo malo que lo bueno, no?
Vende más lo material que lo espiritual, lo que tiene recompensa a corto
plazo, lo que conduce al éxito y al reconocimiento público. El aprendizaje
moral tiene otros objetivos que no se valoran.
La moral siempre está en peligro, no sólo ahora. Quizá nuestro error fue
pensar que el cambio hacia la democracia haría suyo un cambio ético
que no se ha producido.
- ¿Cree que la formación que reciben las nuevas generaciones les prepara para pensar por sí mismos y para actuar con ética?
Debería ser el objetivo de la educación: aprender a pensar por uno mismo.
Pero hoy se da más importancia a una formación instrumental, que sirva
para situarse en el mundo, para ganar dinero y triunfar. Está medio olvidada
la formación moral de la persona. Ni la familia ni la escuela acaban de
asumirla como una responsabilidad propia.
- ¿Es necesario enseñar ciudadanía?
Sí, porque el civismo o la civilidad representan hoy, a mi juicio, los mínimos
éticos que todo el mundo debería adquirir. El sentido de la convivencia, del
respeto, de la tolerancia y de la responsabilidad.
- La política cada día decrece en sus adeptos, al menos en España, la falta de confianza y el desinterés… ¿la democracia participativa es una buena alternativa, es el camino?
La democracia es y debe ser representativa, lo cual significa que hay una
cierta delegación en nuestros representantes. Debería haber, sin duda, más
deliberación pública y más implicación de los ciudadanos en ella. Pero la
desafección se produce, sobre todo, porque la política vive encerrada en su
mundo y sus inercias, discurre paralela a la vida de las personas, sin
encontrarse con ella ni atender a sus demandas.
- La mujer está cada día ocupando más puestos de liderazgo en los diferentes ámbitos sociales, políticos, económicos; incluso religiosos, a través de las fundaciones y ONG... ¿qué opina de la paridad defendida en la Ley de Igualdad?
La paridad es necesaria y también lo son las medidas para conseguirla.
Pero dichas medidas son un medio que debe desaparecer cuando exista
auténtica igualdad, es decir, cuando no haya que pensar en medidas
paritarias para que el liderazgo de las mujeres sea un hecho.
Sonia Martínez, Gabinete de Comunicación y Marketing, UCA
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